Spinoza: entre la vida y la pandemia

Retrato de Baruch Spinoza: Escuela alemana (siglo XVII)

Pedro, nace bajo tu nombre una nueva traducción bilingüe de “Ética” de Spinoza junto a Editorial Trotta… ¿por qué era necesaria su reedición a 343 años de su primera publicación?

Me parece que nunca está demás una traducción de un texto clásico. En cualquier caso, en castellano no hay muchas. Y no hay muchas que yo entienda que sean fiables. Hay algunas, y estoy pensando en dos de las más recientes: en la de Atilano Domínguez y la de Vidal Peña, ambas buenas traducciones. Pero yo he intentado traducir bajo otras exigencias. Es decir, he intentado subsanar algunos puntos con los que yo no estaba particularmente de acuerdo, lecciones de traducción que yo no compartía. Pero, vamos, debo decir que mi respeto, y mi admiración hacia las traducciones de Atilano Domínguez como la de Vidal Peña, son máximos. En este sentido no tengo nada que decir, nada que criticar de esas traducciones, pero lo único es que la mía es distinta. Y lo es por razones teóricas, como siempre pasa cuando se trabaja con filosofía y en ediciones de textos clásicos. Y estas razones, estos motivos teóricos de los que hablo, me llevan a elegir términos, elegir giros, elegir formas de traducir, pues diferentes a las que en su momento adoptaron Vidal Peña y Atilano Domínguez.

¿Hay alguna anécdota, o historia a rescatar, en este camino individual de traducción?

La experiencia más evidente, más fuerte, es que a lo largo de los años que me llevó traducir la “Ética” de Spinoza, he tenido tres hijos. Con esto quiero decir que efectivamente son muchos años de trabajo, que han pasado muchas cosas. La vida es un proceso imparable.

¿Qué recuerdas de la primera vez que “Ética” llegó a tus manos?

Fue hace muchísimos años, cuando era prácticamente un niño, un adolescente. Recuerdo que estaba estudiando el bachillerato, y me llega la noticia que existe un tal libro que se llama “Ética”, de un tal Baruch Spinoza. Me llama la atención, empiezo a leerlo y, evidentemente, no entiendo nada. Absolutamente nada de lo que leía. Y esto me motiva, me motiva. Esto fue hace más de 30 años y no he dejado de leer a Spinoza. Lo primero que ocurre es un desconcierto por la dificultad del texto. Lo segundo es que está la intuición de que hay, en eso que no entiendes, algo muy profundo y verdadero, y que merece la pena hacer el esfuerzo por entenderlo. En todos estos años no me he cansado de intentar entender, si es que he entendido algo.

Me da la sensación que la “Ética” va más allá de su nombre: es un cúmulo de encuentro para conceptos como Dios, la vida, las pasiones, y que no se encierra sólo en su título. ¿De qué manera se pueda resumir (si es que se puede) algo como esta obra?

Yo diría varias cosas. En primer lugar, lo más importante: lo que el lector tiene entre manos es una obra filosófica total. Efectivamente toca todos los temas de la época, y cuando hablo de época me refiero a la historia. Son temas perennes de la filosofía, que todo filósofo cabal tiene que tocar. Pero uno se encuentra con esto: un esfuerzo titánico por hacer algo así como una reforma, una enmienda de lo que yo llamaría el sentido filosófico común del hombre. Todos tenemos automáticamente, espontáneamente, una manera casi-casi natural, una interpretación de nosotros mismos y de la realidad que, leyendo la “Ética”, pues Spinoza considera que es totalmente equivocada. Y el esfuerzo que él hace en el libro es reconstruir, enmendar esta visión que, de manera que es leída y asimilada hasta dónde es posible, la filosofía que Spinoza presenta en la “Ética” es una reforma radical de nuestro entendimiento de la realidad. Antes de leer la “Ética” seguramente somos una persona muy determinada, pero una vez que la hemos leído, somos otra distinta. Al menos en nuestra percepción de la realidad, en nuestra comprensión, también en nuestras relaciones con los demás, con el resto de los individuos con los que tratamos en esta vida. Por esto es que digo que es una obra filosófica total. Esto sucede por muchas cuestiones, por ejemplo, en primer lugar pasa por proponer una intervención, en teología, que es la disciplina fundamental en la época en la que Spinoza escribió la “Ética”: Spinoza pone patas arriba el sentido común de la época, en donde se concibe a Dios como una especie de soberano, el rey. En una época en la que aún no ha terminado, en la que se concibe a Dios como una especie de ente personal, con una voluntad y entendimiento.

Incluyo a esto una concepción de la política, de nuestras relaciones, del hombre, de todo. Una obra filosófica total que, lo que hace, es enmendar la plana a la totalidad de la filosofía que se ha hecho hasta ese momento, o a la casi totalidad de la filosofía. Hay autores previos a Spinoza a los que respeta muchísimo, y así lo dice, pero son muy marginales. Hay una carta en la que Spinoza dice que no le interesa mucho la filosofía de Platón o de Aristóteles, pero encuentra mucha sustancia, mucho jugo, en autores que han sido considerados como menores, y que constituyen una tradición de pensamiento a la que él mismo, Spinoza, dice que quiere sumarse: sería Demócrito, Lucrecio, Epicuro, es decir, autores menores pero que han atisbado algo.

El trabajo de reforma en la “Ética”de Spinoza, se resumiría como un empeño por corregir, como decía Deleuze, por proporcionarnos de unos lentes a través de los cuales podamos percibir de una manera ajustada, más adecuada, la realidad en todo su orden: antropológico, social, epistemológico, metafísico, etc.

Pedro Lomba vía Zoom desde España.
Pedro Lomba vía Zoom desde España.

Me gustaría que nos puedas comentar un poco sobre la relación entre Deleuze y Spinoza. ¿Dónde se encuentran ambos y por qué el francés trató con el spinozismo?

Deleuze fue un gran filósofo. Él ha dedicado muchísimo tiempo y energías a la difusión del pensamiento de Spinoza, pero también al de muchos otros autores: Kant, Nietzsche, Foucault. En lo personal no me arriesgaría a tratar de establecer puntos en común entre Deleuze y Spinoza, porque son dos autores muy distintos. Ahora, lo que me parece que es innegable es que hay una influencia, un peso muy importante de Spinoza en la obra de Deleuze. La obra de Deleuze seguramente no sería lo que es sin Spinoza. Algunos conceptos no serían los que son sino hubiese trabajado de manera sistemática, profunda, y seria, la obra de Spinoza.

De manera que, yo diría, esta recuperación o este retorno del spinozismo que se origina, por lo menos, desde la segunda mitad del siglo XX, en Francia, se la debe muchísimo a los esfuerzos de Deleuze. Él abrió un camino, como él mismo lo diría, a través de la filosofía de Spinoza.

¿Existe un relación entre el pensamiento de Spinoza y los orígenes del periodo de la Ilustración? ¿Se logra captar un vínculo entre ambos?

Pues efectivamente hay estudios en los últimos 20 años que tratan de demostrar que Spinoza es el fundamento, el padre fundador. Margaret Jacob escribe un libro, titulado “Ilustración radical”, y no habla tanto de Spinoza sino de otros autores y de otras corrientes del pensamiento, e incluso de la masonería. Ella defiende en este libro que la fisonomía de la actualidad político y social, tiene su origen en esta “Ilustración radical”: en autores que han sido denostados, dejados al margen, perseguidos durante los años de producción. Años después llega Jonathan Israel, la gran referencia para tratar estas cuestiones, y escribe en su célebre libro “La Ilustración radical”, que afectivamente en la filosofía de Spinoza estaría la fundación, la deriva más avanzada, más actual de la actualidad, valga la redundancia. Y esto es interesante porque a pesar que Spinoza y su obra ha sido leída muy tardíamente, hubo una lectura continua, clandestina. Ha ejercido una influencia soterrada en muchos autores que sí han pasado desde el principio a formar parte del canon de la gran historia de la filosofía occidental. Sin la obra de Spinoza no se entiende la Ilustración ni la Ilustración radical pero, sobre todo, no se entiende la actualidad. De modo que Spinoza sería el padre de la actualidad.

Spinoza se ocupa del concepto de las pasiones… ¿cuál es el lugar que ocupan en la “Ética” y en la obra en general del filósofo?

Ocupa un lugar central. La gran temática de la filosofía moderna, y en Spinoza igual, es el tratamiento de las pasiones. Después de aquí no es de extrañar que los grandes filósofos se ocupen de ella. Es imposible decir algo con sentido y con criterio acerca del hombre (que al final es de lo que se ocupa la filosofía) sin decir algo sobre las pasiones, porque son lo que definen al hombre. En mi traducción he querido insistir mucho en algo que dice Spinoza que es extemporáneo de su época, que se aleja mucho de las posiciones del sentido común de entonces. Spinoza dice que el hombre no es una sustancia, que no somos un yo sustancial que padecería determinados afectos, sino que se trata de definir la individualidad de los sujetos en el sentido de que es una instancia que está sometida a las pasiones y a determinadas pasiones.

Hay pasiones que predominan de manera diversa en cada uno de nosotros, y que solamente a partir de este predominio de ciertas pasiones en cada uno de nosotros, es posible definir nuestra identidad particular al margen de cualquier consideración sustancial de la identidad del hombre. Este es uno de los puntos fundamentales de la filosofía de Spinoza.

Pandemia y actualidad

No sé si te llama la atención que tu traducción haya salido en tiempos de pandemia… ¿has tenido la posibilidad de meditar en este hecho casual de la actualidad?

Sí, es algo totalmente azaroso. Este libro estaba programado para ahora, desde antes que tuviéramos la más remota noticia del coronavirus. Entonces esto ha sido algo sobrevenido. Es una contingencia infeliz. Ahora, que la “Ética” de Spinoza salga en tiempos de pandemia, no deja de recordarnos que su filosofía fue considerada no pandémica, pero sí como un virus peligroso que había que contener a toda costa. Quienes leían la obra de Spinoza eran tratados casi como infectos. A Spinoza no había que leerlo, ni mencionarlo, porque la sola mención era un riesgo de contagio. Pero es un azar.

Se hace un llamado insistente de la autoridad a una nueva normalidad, a un nuevo periodo… ¿estás de acuerdo?

No tiene ningún sentido hablar de nueva normalidad. Esto es una contradicción de los términos porque la normalidad es sí es tal, eso no es nuevo, es lo normal. Me pongo muy nervioso cuando se me habla de la nueva normalidad. Esa nueva normalidad no existe. Lo que existe ahora es otra cosa totalmente distinta a lo que antes era normal. Este nuevo mundo es imposible que deje de ser capitalista. Lo que es muy posible es que el planeta deje de ser globalizado como antes de la pandemia. Uno de los factores que ha provocado la dimensión de esta pandemia es la globalización. Un virus que brota o surge en China y tarda poco tiempo en propagarse por todo el mundo, pues los virus viajan como lo hacemos nosotros.

Sin la obra de Spinoza no se entiende la Ilustración ni la ilustración radical pero, sobre todo, no se entiende la actualidad. De modo que Spinoza sería el padre de la actualidad.

López Obrador, Trump, Bolsonaro… son quienes hoy gozan de poder en tiempos críticos para la sociedad… ¿qué te ha parecido el liderazgo político en general y el de éstos también?

Me parece un poco pronto para hacer un diagnóstico, y es pronto porque creo que todavía falta mucho por venir. Las actitudes de estos son cómicas y que obedecen a un cierto histerismo provocado por la falta de asidero porque no se sabe lo que va a resultar de todo esto. Lo que estamos viviendo pone muy nervioso a los líderes políticos de todo el mundo. Recuerdo a López obrador con menos de 10 mil casos en su país decir que había que ir a las cantinas y mantener la economía. La economía es lo que hay que salvar y no las vidas. Que mi vecino no sea consciente de esta situación, no me sorprende; pero que un presidente de un país desarrollado como México no sea de consciente de lo que se está viniendo, es realmente sorprendente. Con Trump, es peor. En cualquier caso creo que son actitudes o discursos de elevada histeria, y que afecta a todos, no solamente a ellos.

¿Hay algo que lo político pueda rescatar de la obra de Spinoza?

Pues nada. Spinoza no era un político, era un filósofo. En Spinoza no hay ninguna fórmula de nada. Spinoza no nos va a salvar de nada que no sea salvarnos del aburrimiento y de la incomprensión de la realidad, de nosotros mismos, etc. A Spinoza no se la ha prestado ninguna atención, y lo que habrá en el futuro es mucha más desatención.

Hay una proposición conocida de Spinoza que me gustaría leer antes de concluir, es la 67 de la parte cuarta. Dice aquella: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”. Creo que Spinoza insiste en perseverar en la vida, en el ser…

Hay muchos pasajes que, particularmente, me gustan y me parecen significativos. Si me permites, también quiero leer uno. Por ejemplo, en la cuarta parte, en la proposición 45, dice un mensaje que hay que tener presente: “Entre la irrisión (de la que he dicho en el corolario 1, que es mala), y la risa, reconozco una gran diferencia. La risa, como así mismo la broma, es mera alegría. Y así con tal de que no tenga exceso, es buena de por sí. Pues en verdad nada sino una torva y triste superstición prohíbe deleitarse. En efecto, ¿por qué sería más decente saciar el hambre y la sed que combatir la melancolía? Esta es mi norma y así he conformado mi ánimo. Ninguna divinidad, ni nadie, sino un envidioso puede deleitarse con mi impotencia y mis desgracias. Ni puede tener por virtud nuestras lágrimas, sollozos, miedos, y otras cosas que son signos de un ánimo impotente. Por el contrario, cuanto mayor es la alegría que nos afecta, mayor es la perfección a la que pasamos, esto es, más necesario es que participemos de la naturaleza divina. Así pues, servirse de las cosas y deleitarse con ellas cuando se puedan, no hasta la náusea, pues ello no es deleitarse, es propio de un hombre sabio”. Me quedo con este pasaje, aunque en verdad me quedo con la “Ética” entera.

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