«Es importante pensar en los medios que queremos»

FOTO: JUAN GONZALEZ G/AGENCIAUNO

¿Cómo se puede definir la prensa política en nuestro país?

La prensa política suele ser un espacio donde los políticos hablan entre ellos o le hablan a la élite. Más que en otros frentes periodísticos, es un espacio disputado día a día por muchos actores, porque es un espacio donde se juegan muchas cosas. Ahora bien, el escenario de la prensa en general, ha cambiado mucho en los últimos años y eso no se puede desconocer. A mi modo de ver pasa algo interesante con la prensa de elite más tradicional, tipo El Mercurio, La Segunda, La Tercera, ya que es una prensa de corte muy elitista, que aún conserva cierta capacidad de marcar agenda en ese nivel (El Mercurio muchísimo menos que antes), pero que tiene muy bajas opciones de permear una discusión pública más amplia.

¿Cuáles son las principales características que definen la cobertura política en Chile?

La cobertura política más clásica está generalmente muy centrada en describir lo que ocurre al interior de la elite política. Es súper institucionalista y apegada a la descripción de los procesos que allí ocurren. Pero, hay espacios inesperados como los matinales que se han convertido en un espacio de crónica política bien interesante de mirar porque permiten llevar los acontecimientos políticos a un plano de conversación de sobremesa. Y también vemos otros actores hoy, medios independientes con mayor ambición y capacidad investigativa como CIPER, así como otros medios alternativos que asumen abiertamente sus sesgos políticos frente a audiencias que buscan eso.

¿Cómo se puede definir “La Agenda”? ¿Cómo y quiénes la construyen, y cómo se cubre en nuestro país?

Ximena Orchard
Ximena Orchard

Esa es una pregunta larga de contestar, pero tratando de ser sintética, la construcción de agenda es un proceso dinámico, donde participan los medios de comunicación, las autoridades políticas y la opinión pública. En la teoría, se asume que los medios tienen la capacidad de traspasar agendas a la opinión pública, o sea que aquello que los medios destacan como lo más importante, generalmente suele también ser destacado como lo más importante por la opinión pública. En la actualidad, sin embargo, el espacio de aquello que llamamos “los medios” es un terreno muy amplio donde ya no funcionan las mismas recetas que hace 10 años atrás. Mi impresión es que hoy es más difícil que antes intervenir en la agenda o tratar de controlarla, ya sea por parte del gobierno o de cualquier otro actor que pretenda hacerlo.

Según tu trabajo, hay un patrón de recurrir a los mismos apellidos desde 1990… ¿Cómo se relaciona la élite con la prensa política? ¿Cómo surge esta unión tras el retorno de la democracia y cómo ha perdurado en el tiempo?

En un estudio que estamos desarrollando en la universidad, hemos estado mirando al tipo de actores presentes en la prensa política desde el inicio de la transición hasta hoy y, claro, es posible ver que hay un elenco de actores estable que ha tenido presencia en la prensa política por décadas. En mi opinión esa prensa política fue un actor clave en todo el proceso transicional, un escenario central de la política de los consensos, y en gran medida un espejo del elitismo que caracteriza nuestra clase política. En la medida en que esos cuadros se han ido renovando, la prensa política comienza a hacerlo también.

¿Hay paridad de género entre los actores a los que recurre la prensa política?

Para nada, pero eso creo tiene que ver más con la deuda que la política aún tiene con las mujeres. La ley de cuotas que se implementó en las últimas elecciones parlamentarias fue un primer paso en esa dirección pero falta muchísimo. La prensa política no puede cambiar eso, pero sí puede cuidar no caer en sesgos de género al reportar sobre políticas mujeres.

¿Cuáles son los medios que prefiere esta élite para exponer sus posturas y por qué?

Creo que la prensa más tradicional (los diarios de elite) aún son un espacio importante para que la elite converse entre sí, pero insuficiente. Por ejemplo, hoy la brecha entre los políticos que manejan redes sociales y los que no es importante si se quiere salir a disputar posiciones en la opinión pública. Y por cierto la televisión sigue siendo un espacio de interés, especialmente en periodos electorales. Y para muestra, es cosa de observar la presencia que han tenido en los últimos meses algunos de los potenciales presidenciables en los matinales.

¿Está consciente el periodista que aborda la prensa política de élite de este juego de relaciones? ¿Hace algo para que sea diferente o asume?

Por supuesto que está consciente. He tenido la oportunidad de entrevistar a periodistas y editores de política en el marco de investigaciones académicas y son profesionales con diagnósticos muy claros sobre el lugar en el que están parados. El punto ahí es que el periodista de política tiene el desafío de informar con criterios de interés público pero también de cumplir con la línea editorial del medio en el que trabaja, y de mantener relaciones de largo aliento con sus fuentes, especialmente los que cubren ese frente de forma regular. Trabajar en un medio que prioriza el interés público por sobre otras consideraciones puede hacer una diferencia importante.

La prensa política suele ser un espacio donde los políticos hablan entre ellos o le hablan a la élite.

¿Cómo afecta a los grupos y a las causas de la sociedad civil el predominio casi totalitario de la política institucional en la prensa?

Es una pregunta interesante porque efectivamente la política se ha representado desde los medios como el espacio de los actores institucionales, de forma muy mayoritaria. Los que a veces logran permear ese espacio son “los expertos”, pero con mucha menor frecuencia lo hacen otros actores como dirigentes (sindicales, estudiantiles, vecinales). Ahora estamos en un punto crítico como sociedad porque estamos en medio de procesos políticos fuertes donde la ciudadanía tiene un rol protagónico, como actor movilizado y como elector, entonces el desafío para el periodismo en su conjunto es acompañar y aportar a ese proceso entregando una representación justa a las inquietudes populares.

¿Qué te ha parecido el rol de la prensa en general durante esta pandemia?

Creo que ha habido de todo, no me gusta generalizar tanto, pero me parece que ha habido un esfuerzo por concientizar a la población sobre los riesgos de la emergencia sanitaria, incluso más claro que los esfuerzos del gobierno en las primeras etapas de la crisis. Mi evaluación sobre esa performance (la gubernamental) es más crítica. Ha habido algunos desaciertos en la cobertura: en algún momento se exageró con la representación de las personas como irresponsables e indolentes, y hay aspectos de la crisis que no han sido muy abordados, como las irregularidades de empresas respecto de salvoconductos, ollas comunes, las realidades de sectores periféricos o una capacidad baja de verificar los dichos de las autoridades.

¿De qué depende que los medios tradicionales dejen de ser eco de la élite y asuman las demandas sociales? ¿Qué debe hacer la comunidad?

La baja de la confianza en los medios es un fenómeno complejo y que se agudizó después del 18 de octubre, afectando especialmente las evaluaciones sobre la prensa y la televisión. Al mismo tiempo, las personas demandan y valoran los contenidos de calidad. Para ser justa, después del estallido social es evidente que se han hecho esfuerzos editoriales en varios frentes, algunos más exitosos que otros. Pienso que hay periodistas y equipos haciendo esfuerzos en esa dirección, un ejemplo es CNN Chile que tiene consistentemente mejores evaluaciones que el resto de los canales de televisión. La radio también es generalmente mejor evaluada. Más que asumir las demandas sociales, los medios deben ofrecer mejores y más variados contenidos a las personas. En el contexto de una industria en crisis económica eso no es fácil, porque el periodismo de calidad es tiempo, y por ende recursos. En un momento en que como país estamos pensándonos en todos los ámbitos, también es importante pensar en los medios que queremos y cómo podemos llegar a tenerlos.